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jueves, 25 de agosto de 2011

Una vez se disipe el olor a lacrimógena

Verbalizar la violencia y el odio incita a devolver cada insulto a piedrazos. La discriminación social, económica, de género o cualquier otra, busca sus propios caminos de autodefensa y, tal como dice una antigua canción “una gota y otra gota hacen tormenta y el vendaval no tiene vuelta, no hay quien lo detenga…”.
Eso es lo que sucede en Valparaíso a la hora en que escribo estas líneas. Centenares de jóvenes se enfrentan violentamente a carabineros de fuerzas especiales en diferentes puntos de la ciudad. El aire irrespirable a causa de la generosidad de la fuerza policíaca, que no escatima gastos. “No se fije en gastos, compadre”, habría dicho nuestro chilenísimo “Cumpa”, el de Condorito. Tal parece haber sido la instrucción de Hinzpeter: échenle humo y gas nomás, total pulmones jóvenes tienen aguante.

domingo, 7 de diciembre de 2008

¿Encantar al electorado?

A todas luces, la Concertación tiene sus días contados, así como la Democracia Cristiana, otrora uno de los conglomerados políticos más importantes del país. A meses de iniciarse en serio la contienda política que definirá el gobierno que habrá de regir los destinos de Chile por los próximos años, la palabra "encantar" o "reencantar", es utilizada por unos y otros. Sebastián Piñera trata de encantar, pero pueden ser cantos de sirena. Su hermano canta, se levanta tarde, toma whisky y lo pasa bien. Políticos de la Concertación hablan de reencantar a importantes sectores del país que ni siquiera se han inscrito para sufragar; más de 2 millones de personas, muchos de ellos jóvenes. Pero ¿puede reencantar quien no encarna el encanto? Tal vez Piñera, hasta ahora candidato de la oposición, intente encantar a los jóvenes indecisos con promesas variadas. Fiel a su carácter de empresario, tratará de convocar el interés de los miles de chilenos que viven fuera de nuestras fronteras (los mismos que él despreció por años) ofreciéndoles derecho a voto bajo determinadas condiciones y asegurándose que el voto lo depositen en urnas ubicadas en Chile, para lo cual se hará necesario que viajen...en Lan, por cierto.
Insulza tiene poco encanto. El pánzer es un socialista representativo del "aggiornamiento" mundial, del consenso a ultranza, con vínculos arraigados en sectores que han hecho de la política un modo cómodo de vivir. Eduardo Frei, por su parte, la última esperanza DC, o de algunos sectores de ese partido, basa su encanto en el apellido y la dulce fineza de su esposa, Martita, tan dama y compuestita ella, dispuesta a viajar, visitar boutiques de moda en París o Estambul y siempre tan recataday políticamente correcta.
Candidatas mujeres no se ven en el turbulento horizonte de la Concertación. Michelle Bachelet, quien pudo hacer un mejor gobierno de no primar designaciones políticas y criterios cortoplacistas, figurará por muchos años, sino por siempre, como la primera y última mujer que ocupó el sillón en La Moneda. Una lástima, pero no se podía esperar más de quien emergió en la arena política cual figura mediática y, a falta de pan, buenas son las tortas.
En 2009, las huestes de la Udi y Rn se unirán con los desencantados del actual gobierno, sumándose los colorines de Zaldívar, los oportunistas de Schaulsson y los vivarachos de Flores, entre otros, para reponer en los más altos cargos al fantasma del pinochetismo aunque algo desdibujado.
El empresariado nacional se frota las manos. Sabe que la crisis económica mundial llegará pronto a esta larga y angosta faja de tierra, con despidos masivos, lo que facilitará lo que los dueños de Chile denominan "flexibilidad laboral", es decir, más precariedad, menos sindicatos fuertes, urgente necesidad de trabajo, condiciones contractuales de esclavo para los afortunados que tengan una pega y, por cierto, todas las prebendas otorgadas por el presidente-empresario.
Mientras hubo prosperidad, hasta hace algunos meses, la clase empresarial se quejaba de las fluctuaciones del dólar o de las exigencias sindicales. Ha ganado millones de dólares durante la dictadura y con los gobiernos "progresistas" de la Concertación, pero se negó sistemáticamente a mejorar los salarios. Cuando los salmoneros, contaminando lagos y ríos del sur, hinchaban sus bolsas de billetes, a costa muchas veces de vidas humanas debido a la peligrosidad de las faenas, el gobierno se vanagloriaba de la "diversificación de la economía nacional", pero no escuchó el clamor de los afectados. Mientras el cobre iba en alza, inyectando recursos nunca vistos a las arcas fiscales y a las fuerzas armadas -que no han peleado ninguna guerra desde 1879, salvo la guerra sucia en contra de sus ppropios compatriotas dsarmados- la clase política y los más ricos disfrutaron de la bonanza, pero el pueblo seguía aferrado a la esperanza. El día que los estudiantes secundarios, en 2006, salieron de las aulas y convirtieron las calles y plazas en una clase magistral de ciudadanía, ni la clase política, ni el gobierno, ni la mayoría de los alcaldes se hicieron eco de esas demandas, que exigían mejorar la calidad de la educación, equidad, igualdad de oportunidades; por el contrario, mandaron a reprimir a quienes llamaron "pinguinos" y, a los que no pudieron amansar, estigmatizaron o les ofrecieron mesas de trabajo o empleos bien remunerados, hasta sofocar ese único intento de dignidad en años. Lo positivo es que los secundarios encendieron una mecha que difícilmente lograrán apagar, menos aún en tiempos de crisis.
Chile, tal como lo señalé en un artículo anterior, es un país muy injusto con sus ciudadanos, y lo será mientras se mantenga en el poder esa casta de "iluminados" que conforman los poderes fácticos, un empresariado altamente ideologizado, políticos caraduras e indolentes y una masa crítica que apenas despunta en ese amanecer negro que está por venir.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Nacionalismos estúpidos

En andas, cual rockstar caribeño, fue paseado por un cuartel militar de su país el general "Desaire" quien, envalentonado por unas copas de más, sentenció a los chilenos que pisaran su territorio a salir del Perú en cajones de madera o bolsas plásticas, lo que motivó notas de protesta y sendas declaraciones desde el Mapocho al Rímac.En cuestión de días, las palabras del saliente jefe de las fuerzas militares peruanas han concentrado la atención de la siempre amarillenta prensa oficial chilena.
La verdad es que no sólo ese militar ha pronunciado frases para el bronce, cuando de bravatas chovinistas se trata, sino que también algunos ilustres uniformados chilenos han aportado las suyas. Sin ir más lejos, el dictador Pinochet acusó a sus homólogos alemanes de estar invadidos por homosexuales, drogadictos y otros epítetos, y el ya fenecido almirante Merino, también amigo de buenas copas, trató a los bolivianos de auquénidos metamorfoseados.
Lo anterior debiese formar parte de un anecdotario milicoide y no de la agenda gubernamental chilena y peruana, salvo que otros intereses se escondan detrás de tanta declaración de una y otra parte.
En Chile, como es sabido, la Concertación se apresta a sufrir su primera derrota electoral significativa desde que asumió el poder, con un candidato-empresario que repunta en las encuestas y un gobierno débil frente a acusaciones de corrupción, mal manejo de crisis, designaciones políticas en cargos técnicos y una generalizada desconfianza ciudadana hacia la clase política, casta que se ha enriquecido y ha usufructuado del poder casi sin contrapeso, con una prensa vacilante y escasez de una masa crítica con acceso a los medios de comunicación, casi todos en manos de la oposición.
Por tales motivos, no sería absurdo pensar que algún "iluminado" de Palacio propuso la antigua idea de unir al gobierno y al pueblo en torno a valores "patrios", como la defensa de la soberanía -nunca amenazada por el general o el gobierno peruano- y cerrar filas en torno a un objetivo aglutinador tal como suele hacerse durante la Teletón. Es en ese contexto que el desaguisado del militar peruano vino como anillo al dedo al gobierno de Michelle Bachelet y a sus ministros. El gobierno está consciente que más allá de declaraciones la cosa no debiera pasar a mayores, salvo que algún cabeza de pistola, llámese guardia de fronteras o político, encienda una llama difícil de extinguir en un Perú azotado por infinidad de problemas y cuyo presidente, Alan García, no es de los trigos muy limpios. O en un Chile con altas tasas de desempleo y desesperanza, con niveles de inequidad y desigualdad de oportunidades que lo sitúan entre los más injustos del planeta.
Los dichos de Edwin Donayre tienen eco en la prensa chilena pues hilos invisibles manejan las agendas de los medios de comunicación, porque el cordón umbilical entre quienes ostentan el poder económico y político, tanto en Chile como en Perú, así lo necesitan para distraer la atención de los problemas reales de las personas. ¿Quién menciona en Chile, por ejemplo, que los empresarios nacionales, con el aval del gobierno, ofrecen aun en tiempos de "vacas gordas" sueldos miserables a sus empleados? ¿Quién publica los turbios negocios realizados por empresas chilenas en Perú y en Chile, las ganancias millonarias de las transnacionales o las AFP, o la pérdida de recursos naturales codiciadas por inversionistas y especuladores?. Con la respetable excepción de medios independientes y uno u otro reportaje aparecido en el diario La Nación, prácticamente el periodismo nacional no menciona ese tipo de situaciones.
La Concertación está cavando su propia tumba, y lamentablemente no serán sus representantes en el gobierno o el parlamento los más afectados con un cambio de gobierno y la temida crisis que se dejará sentir con fuerza después del verano, sino que el pueblo, aquella masa que creyó en ese grupo de políticos que hoy apelan, como último recurso, a un nacionalismo estúpido, con sabor a añejo.