miércoles, 6 de octubre de 2010

El presunto terrorista y gastrónomo: ¿un caso para John Le Carré?

La detención de un joven ciudadano pakistaní en días recientes en Santiago, sospechoso de pertenecer a una red de terroristas de origen islámico y quien, además, habría visitado voluntariamente la embajada de Estados Unidos de Norteamérica para efectuar trámites consulares, donde fue aprehendido, situó a Chile en la mira de millones de personas alrededor del mundo.

A Muhammad Saif Ur Rehman, pese a que no fue sorprendido en nigún tipo de acto que indujera a pensar que planeaba un atentado, se le aplicó inmediatamente la ley antiterrorista, instrumento jurídico que permite a las autoridades locales mantener detenida e incomunicada a cualquier persona por un determinado plazo mientras se indague el caso.

La verdad es que, a juzgar por la rapidez con que el gobierno norteamericano fue informado, tal plazo permitiría a agentes estadounidenses obtener mayores datos acerca del sospechoso y trasladarse a Chile.

Según la policía chilena y guardias de seguridad de la representación diplomática norteamericana, equipos altamente sofisticados instalados en la legación habrían detectado algún tipo de sustancia explosiva tanto en el celular como en las prendas de vestir que Muhammad llevaba consigo el día de su arresto.

En ese contexto, el propio embajador de Pakistán en Chile señaló que “tendría entronces que tratarse del peor terrorista del mundo si acude a una embajada que sabe está muy resguardada llevando consigo algo sospechsoso”.

La verdad es que, en este tipo de situaciones, cabe preguntarse si todo se trata de un malentendido, un error más de las agencias secretas y de seguridad tanto nacionales como internacionales; una forma de encubrir algún otro ilícito cometido en algún lugar o, simplemente, crear un conficto artificial para distraer la atención de la prensa chilena respecto de otros temas muy vigentes pero que periódicos, diarios y canales de televisión no difunden como es debido: el fracaso del gobierno chileno en cuanto al tipo de soluciones ofrecidas a los damnificados por el terremoto de febrero; las acusaciones de abusos sexuales en contra del cura Karadima y otros sacerdotes católicos o el envío de uranio, desde bodegas secretas ubicadas en nuestro pais, al país del Norte.

Lo grave sería –además de comprobarse que, efectivamente el joven estudiante de gastronomía era un terrorista- que Muhammad Saif formara parte de una intriga manejada por hilos invisibles y que, repentinamente, cayese abatido por un rayo, mordido por una araña de rincón o arrollado por un conductor ebrio, de oscuro pasado y que también falleció en el infortunado accidente de tránsito, sin que nadie resultara responsable.

El ciudadano Khan

Aunque el ministerio del Interior, en la persona de Rodrigo Hinzpeter, insiste en que Saif Khan se mantiene bajo sospecha por eventulaes vínculos con grupos o personas que podrían representar un peligro para la sociedad, razón por la cual debiese permanecer detenido mientras dure la investigación en su contra, las acusaciones –con inexistencia de pruebas- se diluyen día a día.

En días recientes, un tribunal desestimó su prisión preventiva, y el joven estudiante, que ya ha debido soportar varios días en prisión luego que de acuerdo a informes policiales y de personal de seguridad de la embajada de Estados Unidos de Norteamérica en Chile, en la ropa y teléfono celular del imputado se hallaran trazas de algún tipo de material explosivo.

Sin embargo, hasta ahora no existe prueba alguna que relacione a Khan con movimientos terroristas, pese a la fijación de Hinzpeter y sus esfuerzos por demostrar responsabilidad de parte del ciudadano extranjero.

Al parecer, el secretario de Estado, en su afán por demostrar eficiencia y cumplir con una de las cacareadas promesas de campaña respecto de la seguridad ciudadana, no quiere dar su brazo a torcer pues ello le significaría un descrédito, lo que redundaría en otro fracaso gubernamental acerca de los nombramientos en puestos clave: un ex embajador, un gobernador y un intendente que han debido dejar sus cargos a poco andar así lo demuestran. Y ya se rumora que la vocera de Palacio, Enna Von Baer, podría ser la siguiente cabeza que comience a rodar desde los peldaños del poder.

Hasta poco antes del triunfo electoral de Piñera, la Concertación fue reiteradamente acusada de improvisar y equivocarse en designaciones de distintas personas en determinados cargos, y el caballito de batalla fue, hasta el cansancio, la seguridad ciudadana, con el eslogan de terminar con la puerta giratoria. Pues bien, tal y como ha sido el errático y confuso comportamienro del ministro Hinzpeter en lo que al ciudadano Khan se refiere, no vaya a ser que pierda el ritmo y la puerta giratoria le golpee de lleno en el rostro.

Ministro Hinzpeter arriesga la seguridad del país con el encarcelamiento de joven pakistaní

Desde hace años, Estados Unidos de Norteamérica realiza esfuerzos por adelantarse a hechos que puedan amenazar la integridad de su país, de sus ciudadanos y ciudadanas, empresas y maquinaria de guerra, razón por la cual reorganizó a las agencias de inteligencia –secretas o públicas- e invirtió muchos recursos para mejorar la gestión que responde, prioritariamente, al presidente de esa nación.

Una de las características de ese nuevo tipo de mejoramiento de la seguridad interna/externa es la colaboración estrecha con países considerados “amigos” e infiltración en los “hostiles”. En ese sentido, Chile es un aliado para EE UU desde hace rato, hecho que se vio ratificado con el conflicto de Las Malvinas.

En días recientes, hemos visto cómo esa alianza e intercambio de información funciona: un joven pakistaní es detenido en dependencias de la embajada norteamericana acusado de llevar en sus ropas y teléfono celular restos de algún tipo de explosivo. El ciudadano extranjero –que perfecciona estudios en Chile- es entregado a la policía local y se le aplica la ley antiterrorista chilena y debe permanecer en calidad de detenido e incomunicado durante 5 días en una cárcel de alta seguridad. Una vez cumplido el plazo legal, es dejado en libertad pero con restricciones: no puede abandonar el país.

Algunos días más tarde, Muhammad Saif Ur Rehman es nuevamemte citado ante tribunales para continuar recluido en una cárcel pues, de acuerdo al ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, es sospechoso no sólo de intentar algo mientras visitaba la embajada ya mencionada, sino también de mantener contacto con otros jóvenes chilenos sospechosos de haber efectuado atentados explosivos en Santiago. Ninguna de estas acusaciones ha sido probada.

La premura del ministro Hinzpeter, al parecer, tiene que ver más con una obediencia servil a las presiones de Estados Unidos que a la culpabilidad real de Muhammad Saif, pues no se ha logrado confirmar ninguna de las aseveraciones que se le atribuyen. En caso de que éstas se comprobasen, las pruebas deben ser irrefutables.

En ese contexto, creo pertinente que el gobierno y los tribunales de justicia deben resolver a la brevedad ese tema, que no sólo afecta a una familia extranjera sino también pone a Chile en la mira de fundamentalistas reales y peligrosos, pues el razonamiento común de ciertos grupos –no exclusivamente musulmanes- es que si determinado gobierno encarcela o persigue a uno de los suyos, los ciudadanos que eligieron a ese gobierno son igualmente responsables, por lo tanto, sindicados como potenciales enemigos.

Pienso, además, que Hinzpeter busca notoriedad internacional y hacer el papel del “good nigger” con la Casa Blanca, y que está consciente de la injusticia que se está cometiendo, sin evaluar efectos colaterales en nuestra política externa.

Lo que también llama profundamente la atención es el escaso compromiso de parte de organismos de derechos humanos, iglesias, Ong:s, agrupaciones de abogados y la sociedad civil, incluyendo a medios de comunicación, pues solamente un puñado de amigos y cercanos a Muhammad ha intentado apoyarle y reiteran su total inocencia. Chile no debe demostrarse solidario sólo en las catástrofes naturales, sino con más fuerza cuando el derecho individual, ciudadano, es pisoteado.

Cuando Karadima, sacerdote pederasta católico, escuche las “vuvuzelas” el día del juicio final…

Finalmente, el cura Karadima morirá a consecuencia de alguna de las enfermedades que le aquejan sin ser juzgado por los cargos de abusos sexuales reiterados en contra de feligreses, jóvenes con vocación sacerdotal y otras personas, todas menores de edad cuando se cometió el delito y cuyas denuncias, que datan desde 2005 y antes, recién se hacen públicas, develando una verdadera red de protección en torno del sacerdote católico.

Desde parlamentarios de la Udi y Rn, al alcalde de Puente Alto, Ossandón; civiles y militares que acuden a la parroquia donde el presbítero moralizó y sermoneó acerca de los “valores cristianos y la rectitud”, todos, de alguna forma, han servido de encubridores o, al menos, han desestimado las denuncias y fustigado a las víctimas y a los escasos medios de comunicación que se han atrevido a ir un poco más allá e investigado.

En horas recientes, Karadima debía ser interrogado por el fiscal que lleva la causa, hecho que no se concretó en base a resquicios legales que sólo dilatan cada vez más la causa. ¿Recuerda usted el caso Pinochet?

Hace algunos días, Francisco Javier Errázuriz, mandamás de la iglesia católica de Santiago, quien sabía de las denuncias desde hace años y no les otorgó la urgencia requerida, señaló que había enviado los antecedentes a Roma, con miras a un “juicio canónigo”, evitando una crítica mayor al pederasta con sotana. Tal enjuiciamiento podría tardar más de 5 años en trámites.

Chile, lamentablemente, ya ha dado muestras suficientes de tolerancia extrema y desidia con delincuentes de la talla de Pinochet, los curas Cox y Karadima y violadores de derechos humanos, postergando juicios a la espera que el imputado fallezca por causas naturales u otras.

Paralelamente con el frustrado interrogatorio a Karadima –a cargo del fiscal Armendáriz, el mismo que fue sacado del denominado “caso bombas” y del joven pakistaní por tardar más de lo prudente en las indagaciones- algunos ciudadanos, ex estudiantes del Colegio Salesianos denuncian al ex rector de ese establecimiento –también religioso- por acoso sexual, tocaciones indebidas de connotacion sexual y pedofilia, sin que la iglesia haga nada.

La jerarquía eclesiástica, comenzando por el Papa en Roma y sus más cercanos, hacen un flaco favor a su reinado terrenal, ahuyentando a sus fieles, y parecen no temer cuando –por hablar en términos futbolísticos- suenen las “vuvuzelas” el día del juicio final.

Antes de que sea tarde: justicia para el pueblo Mapuche

En 1981, y luego de más de dos meses en huelga de hambre, el joven irlandés Bobby Sands falleció de inanición en la cárcel donde purgaba una condena de 14 años por acusaciones de terrorismo. Semanas antes, había obtenido un cargo parlamentario que jamás pudo ejercer pues las autoridades británicas no le permitieron jurar debido a su condición de preso. La muerte de Sands despertó una ola de protestas internacionales que obligaron a Londres a acceder al petitorio de 5 puntos de quienes realizaban la huelga en cárceles irlandesas, puso en el tapete la situación de Irlanda del Norte y de su brazo armado, el IRA, y dio inicio a una serie de reformas legales que, con el correr de los años, han rendido sus frutos.

Casi tres décadas más tarde, en Chile, comuneros mapuches efectúan una prolongada huelga de hambre reclamando derechos ancestrales. La opinión pública chilena, en general, ha sido manipulada por los gobiernos de la Concertación y, ahora, por el gobierno de Sebastián Piñera, que utiliza a los medios de comunicació para desviar la atención de una realidad que se invisibiliza, pese al inminente riesgo de muerte de algunos de los comuneros cuyo estado de salud está cada vez más debilitado.

Apenas encendemos los televisores, los eternos “matinales” donde se entremezcla farándula, moda, deportes y la vida íntima de cualquier personaje, el torrente “noticioso” oculta una tragedia que, de no adoptarse medidas inmediatas, afectará a todo el país.

Por su parte, los noticiarios destacan el rescate de los mineros atrapados en Copiapó, el juicio contra una mujer que mandó asesinar a su ex pareja, contratando a un sicario, el baile de una perrita chilena en un show en Estados Unidos, o la participación de Piñera en Wall Street, junto a empresarios dueños de las mismas minas que hoy amenazan la vida de trabajadores chilenos y que han usufructuado de las enormes ganancias que ofrecen esos yacimientos.

Sin embargo, no se puede tapar el sol con un dedo. La verdad es que la aplicación de una ley concebida en dictadura, y aplicada tanto en la década de los años 80 como en al menos dos gobiernos concertacionistas, representa fielmente el sentir de quienes se sienten dueños de Chile, tanto políticos como empresarios, que han utilizado a las fuerzas represivas y torcido a su antojo las leyes para apropiarse de tierras en el sur y perseguir a sus legítimos dueños, encarcelándolos, torturándolos y asesinándolos con total impunidad.

Las protestas no se han hecho esperar, pero recién en las últimas semanas forman parte de la pauta noticiosa de los medios de comunicación y motivaron una extensa pero estéril discusión en el Congreso Nacional, todo esto mientras los comuneros se debilitan aún más, pero sólo físicamente, pues su moral permanece tan altiva como hace 500 años.

Es hora de que la ciudadanía organizada actúe. Que ejerza presión y demuestre su rechazo a la ley antiterrorista y su adhesión a la causa del pueblo Mapuche, por la recuperación de su tierra y de su dignidad como Nación, con todo lo que ello implica, para obligar a las autoridades competentes a adoptar medidas de fondo, estructurales y definitivas.

Las horas siguientes, en términos médicos, son vitales para quienes se encuentran en huelga de hambre. No debemos esperar que el ejemplo de Bobby Sands, en la lejana Irlanda, se repita en Chile, pues sus consecuencias políticas, históricas, económicas y sociales causarán más estragos en el alma nacional que la destrucción provocada por el último terremoto. La causa mapuche es la causa de los oprimidos, de los despojados, de quienes han sido ignorados durante siglos, y que hoy nos golpean la conciencia.

Si un sólo comunero fallece durante la huelga de hambre, crecerá un ejército mixto de winkas y Mapuches que hará temblar los cimientos de este país, y a ese ejército adhiero.

Cristo no integra el directorio del Hogar que lleva su nombre

¿Hasta qué punto, instituciones que pretenden moralizar; inculcar principios y valores y hasta meterse en la cama de chilenos y chilenas en lo que a reproducción humana y sexualidad se refiere; que convoca a campañas de donaciones, incluyendo el vuelto en supermercados para financiar sus proyectos, puede adoptar decisiones unilaterales como ofrecer servicios funerarios a un criminal como Paul Schäffer?

El Hogar de Cristo es esa institución, que lisa y llanamente ni siquiera pensó en niños y niñas asesinados, violados, maltratados física y síquicamente, cuando permitió que los restos del ex jerarca de Colonia Dignidad recibieran tales servicios fúnebres.

Recuerdo que, en el caso del tristemente célebre Osvaldo “Guatón” Romo, torturador sicópata que trabajó para las fuerzas represivas de la dictadura, su ataúd permaneció largo rato abandonado en el cementerio general, en Santiago, pues ni los sepultureros querían ayudar a meterlo en la fosa, como una forma de repudio a lo que simbolizaba Romo.

El Hogar de Cristo, dirigido, entre otros, por un cura de apellido Moreira, familiar directo del diputado pinochetista de la UDI Iván Moreira, sí opina en otros ámbitos pero calla respecto de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes alrededor del mundo, Chile incluido.

Si Cristo estuviese vivo, dudo que hubiese permitido que Schäffer fuese velado en la institución que lleva su nombre, como tampoco hubiese permitido que los restos del Presidente Salvador Allende hubiesen estado sepultados, sin velatorio ni servicio alguno de por medio, en el cementerio Santa Inés, en Viña del Mar.

Derecho a voto de chilenos en el extranjero

La agenda legislativa del gobierno incluyó, entre otras propuestas, inscripción automática y voto voluntario, además de derecho a voto para chilenos y chilenas que residan fuera del territorio nacional, tema que con toda seguridad generará un extenso debate tanto a nivel local como entre aquellas personas nacidas en Chile pero que viven en otras latitudes o bien, entre quienes habiendo nacido en otros países se sienten, en parte al menos, chilenos o chilenas.

Porque según lo señalado por el presidente de la República y apoyado fervientemente por la Udi y amplios sectores de la derecha, no todos ameritarían sufragar, desde el exterior, en elecciones nacionales.

El problema radicaría en la “vinculación” que pudiesen tener o no esas personas con Chile. Lo que no se especifica es el tipo de ligazón, y ahí está el nudo.

¿Qué criterios aplicará el gobierno respecto de esos casos?

Ya que estamos ad portas del mundial de fútbol, podríamos deducir que el piñerismo no tendrá dificultad en otorgar la posibilidad del derecho a voto a miles y miles de connacionales que, durante el pasado mundial de fútbol, llenaron de colores y banderas chilenas los estadios donde iba La Roja; o la Sub 20, o la Sub 17. Ciertamente que tanto Sebastián Piñera –que milita, futbolísticamente hablando, tanto en Universidad de Chile como en Colo Colo- así como otros connotados dirigentes de Rn y la Udi, civiles y militares, aplaudieron, con el corazón henchido, la presencia nacional en esas arenas deportivas.

Cuando Francia fue sede del mundial, por las carreteras europeas, desde las nórdicas Suecia y Noruega, o de la soleada Andalucía o el Madrid del Xotis, en los buses repletos de chilenos radicados en algunas de esas ciudades y países, se oían los cehacheiiiiiii con más fuerza que nunca, y los enviados especiales de los canales de televisión celebraban la “marea roja”, y un Carcuro emocionado hablaba de la chilenidad que rebasaba las expectativas, al igual que un Solabarrieta al borde del colapso emocional, y Jorge Hevia, que ayudaba, ora en la cocina, con Coco Pacheco, ora en los comentarios. En castellano nomás, porque las lenguas extranjeras no son su fuerte ni el de varios de sus acompañantes.

Y Don Francisco, tal vez uno de los chilenos que más ha viajado –por trabajo o placer- también destaca desde Miami o Rangoon, Bangkok o Milán, que los chilenos “patiperros” están en cada plaza, calle y barrio del mundo. Esos chilenos y chilenas, si de esos comentaristas, cocineros, animadores, locutores y pintamonos televisivos se tratara, podrían votar; aunque dudo que Pedro Carcuro abra la boca en defensa del derecho a sufragio de esos peloteros internacionales. O Hevia. O Don Francisco, a quien también se le humedecen los ojos cuando recibe las jugosas dádivas de los chilenos-extranjeros para la Teletón.

¿Qué otra manera podría definirse como vinculante?

Cada 18 de septiembre, aunque no es día de fiesta en Roma ni Estocolmo, Mendoza o Sydney, el aire se llena de olor a empanadas y asado, y la Cueca suena a decibeles que, muchas veces, molesta a vecinos y transeúntes, pero allí hay un pedazo de este país, y los suecos o australianos, mendocinos o romanos, baten palmas y participan, y la alegría del momento, así como sus apellidos y hábitos se mezclan con los de los Pérez, los Gonzáles, los Fernández y los Machuca, que visten orgullosos sombreros de huaso e izan la Tricolor. Y así en año nuevo y Navidad, cuando se saturan en Chile las líneas telefónicas, y a las abuelitas se le presentan los primeros balbuceos y “agús” de sus nietos y bisnietos lejanos.

Esos compatriotas, a juicio del chauvinismo criollo, tampoco debiesen estar impedidos de ejercer tan importante derecho, pues comparten lo mejor de nuestra cultura culinaria y social con los ciudadanos del país que les brindó cobijo.

Y si de economía y religión se trata, ya que estamos bajo un gobierno dirigido por ingenieros comerciales, banqueros y empresarios egresados de la Universidad Católica,no debemos dejar de lado que muchos millones de dólares han engrosado las bóvedas de bancos nacionales y bolsillos privados debido a las remesas que, mes a mes, por más de 3 décadas, chilenos que viven en Europa, Asia, Africa, Oceanía o países de América envían a sus familiares en Chile; en tanto que la Europa atea y luterana ha visto incrementada la cuota de fieles católicos y evangélicos gracias al aporte en creyentes de nuestro país.

Cuando Sebastián Piñera, junto a algunos de sus asesores llegó a la conclusión que incluir en la agenda legislativa la posibilidad del derecho a voto para los chilenos “de afuera”, tal vez no imaginó que miles de ellos han visto pasar por su ventana muchos veranos e inviernos; que han sepultado a parientes y amigos bajo la nieve y el frío Escandinavo o el quemante sol de Bucarest o Tel Aviv. Que esos chilenos y chilenas, pese a envejecer lejos del terruño, conservan vívidos aromas, recuerdos y sensaciones; y que muchos, por años también, vivieron con una maleta a medio hacer detrás de la puerta; por si se daba el retorno, hasta que la salud comenzó a flaquear, o los nietos que allí crecían empezaron a dar sus primeros pasos, o la seguridad económica que su propio país les negó, la tenían a vuelta de correo tras años de fregar pisos, lavar platos, cuidar enfermos ajenos o dictar clases en alguna universidad de nombre extraño.

Y están quienes, lisa y llanamente, no podían o no pueden volver: son aquellos que salieron rumbo a un exilio incierto luego del golpe propiciado por la misma mentalidad que hoy pretende estudiar si les confiere la calidad de ciudadanos y ciudadanas para expresar, mediante las urnas, su opinión. Y esos otros que, en años recientes, fueron forzados a optar entre penas de cárcel prolongadas o extrañamiento, y que hoy miran a Chile desde una ventanita en Helsinski o Bruselas, Buenos Aires o Uppsala.

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano inventó una manera de humillar, violentar, doblegar el espíritu, hacer invisible a otros seres humanos, a través del ostracismo, que en Argentina y Uruguay es diáspora; en Brasil, saudade –pues así sienten la lejanía- en otros países desarraigo o exilio, y todos quienes lo han vivido saben que es una herida en los más profundo del alma, cuyas huellas jamás se borran.