jueves, 30 de septiembre de 2010

Antes de que sea tarde: justicia para el pueblo Mapuche

En 1981, y luego de más de dos meses en huelga de hambre, el joven irlandés Bobby Sands falleció de inanición en la cárcel donde purgaba una condena de 14 años por acusaciones de terrorismo. Semanas antes, había obtenido un cargo parlamentario que jamás pudo ejercer pues las autoridades británicas no le permitieron jurar debido a su condición de preso. La muerte de Sands despertó una ola de protestas internacionales que obligaron a Londres a acceder al petitorio de 5 puntos de quienes realizaban la huelga en cárceles irlandesas, puso en el tapete la situación de Irlanda del Norte y de su brazo armado, el IRA, y dio inicio a una serie de reformas legales que, con el correr de los años, han rendido sus frutos.

Casi tres décadas más tarde, en Chile, comuneros mapuches efectúan una prolongada huelga de hambre reclamando derechos ancestrales. La opinión pública chilena, en general, ha sido manipulada por los gobiernos de la Concertación y, ahora, por el gobierno de Sebastián Piñera, que utiliza a los medios de comunicació para desviar la atención de una realidad que se invisibiliza, pese al inminente riesgo de muerte de algunos de los comuneros cuyo estado de salud está cada vez más debilitado.

Apenas encendemos los televisores, los eternos “matinales” donde se entremezcla farándula, moda, deportes y la vida íntima de cualquier personaje, el torrente “noticioso” oculta una tragedia que, de no adoptarse medidas inmediatas, afectará a todo el país.

Por su parte, los noticiarios destacan el rescate de los mineros atrapados en Copiapó, el juicio contra una mujer que mandó asesinar a su ex pareja, contratando a un sicario, el baile de una perrita chilena en un show en Estados Unidos, o la participación de Piñera en Wall Street, junto a empresarios dueños de las mismas minas que hoy amenazan la vida de trabajadores chilenos y que han usufructuado de las enormes ganancias que ofrecen esos yacimientos.

Sin embargo, no se puede tapar el sol con un dedo. La verdad es que la aplicación de una ley concebida en dictadura, y aplicada tanto en la década de los años 80 como en al menos dos gobiernos concertacionistas, representa fielmente el sentir de quienes se sienten dueños de Chile, tanto políticos como empresarios, que han utilizado a las fuerzas represivas y torcido a su antojo las leyes para apropiarse de tierras en el sur y perseguir a sus legítimos dueños, encarcelándolos, torturándolos y asesinándolos con total impunidad.

Las protestas no se han hecho esperar, pero recién en las últimas semanas forman parte de la pauta noticiosa de los medios de comunicación y motivaron una extensa pero estéril discusión en el Congreso Nacional, todo esto mientras los comuneros se debilitan aún más, pero sólo físicamente, pues su moral permanece tan altiva como hace 500 años.

Es hora de que la ciudadanía organizada actúe. Que ejerza presión y demuestre su rechazo a la ley antiterrorista y su adhesión a la causa del pueblo Mapuche, por la recuperación de su tierra y de su dignidad como Nación, con todo lo que ello implica, para obligar a las autoridades competentes a adoptar medidas de fondo, estructurales y definitivas.

Las horas siguientes, en términos médicos, son vitales para quienes se encuentran en huelga de hambre. No debemos esperar que el ejemplo de Bobby Sands, en la lejana Irlanda, se repita en Chile, pues sus consecuencias políticas, históricas, económicas y sociales causarán más estragos en el alma nacional que la destrucción provocada por el último terremoto. La causa mapuche es la causa de los oprimidos, de los despojados, de quienes han sido ignorados durante siglos, y que hoy nos golpean la conciencia.

Si un sólo comunero fallece durante la huelga de hambre, crecerá un ejército mixto de winkas y Mapuches que hará temblar los cimientos de este país, y a ese ejército adhiero.

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