jueves, 30 de mayo de 2013

Roberto Ampuero y su análisis del Chile actual

En su columna de El Mercurio de fecha de hoy, 30 de mayo, el escritor Roberto Ampuero se refiere a la “novísima religión” o “el poder de la calle y las redes sociales”, las que representarían una amenaza para la estabilidad democrática del país, insinuando que desde fines de los años sesenta, una situación similar derivó en el golpe del 11 de Septiembre de 1973, con las consecuencias ya conocidas. Ampuero, cuyo deambular político desde la izquierda hasta anclar en la centroderecha piñerista, es un reconocido escritor, pero de analista político tiene poco.

martes, 9 de abril de 2013

Quien ocupe La Moneda, no podrá pasar

Enrique Fernández Moreno Publicado: 9 abril, 2013
“¡Paso”!. Así de escueta fue la  no-respuesta de la ex presidenta Michelle Bachelet ante la pregunta de uno de los periodistas que cubrían la presentación del equipo que apoya a la ahora candidata en su intento por volver a La Moneda. Los profesionales de las comunicaciones, así como parte del comando, vieron cómo Bachelet daba la espalda a los reporteros y se perdía tras bambalinas. Luego, frente a cámaras y micrófonos, fueron presentándose uno a uno quienes jugarán distintos roles en la carrera presidencial de su abanderada.
El gobierno y los partidos que lo apoyan no dudaron en ironizar con la actitud de quien se perfila como la única con posibilidades reales de derrotarlos en las elecciones presidenciales, pues los demás candidatos –con la excepción de MEO que probablemente obtenga muchos votos- no tienen posibilidades.
Bachelet partió mal, parece desconocer que durante el período que ocupó un cargo internacional, lejos de las lacrimógenas, el Transantiago, marchas, revueltas ciudadanas y estudiantiles, el país cambió. La ciudadanía –liderada por el movimiento estudiantil- ha propuesto e impuesto nuevos temas en la agenda pública, pero aquello parece pasar desapercibido para quienes manejan los hilos de la política. Y si lo intuyen, no saben interpretarlo.
Cuando en 2006 y 2007, los llamados “pinguinos” salieron a las calles, la clase política les dio la espalda, y quienes no fueron cooptados por los partidos o tentados por la farándula televisiva, fueron perseguidos, estigmatizados y reprimidos por la fuerza policial.
Pasaron 4 años hasta que, estimulados por las protestas en Aysén, los jóvenes retomaran con fuerza las banderas de lucha que continuaban latentes. 2011 marcó un antes y un después. Tras 20 años de pasividad y hasta permisividad con las decisiones políticas y económicas adoptadas por los 4 gobiernos concertacionistas, el movimiento estudiantil regresó con nuevos bríos, La clase política se parapetó en el Congreso Nacional, institución cuyo nivel de desprestigio se profundiza cada vez más. A modo de ejemplo, el actual vicepresidente de la Cámara de Diputados ostenta un prontuario que incluye fraude al Fisco.
La derecha defiende sus privilegios, y hace oídos sordos a las demandas populares que insisten en una asamblea constituyente que dé paso a una Constitución Política realmente representativa, democrática e inclusiva. Por otra parte, rostros históricos concertacionistas se suben a última hora al grito de educación pública de calidad, pues lo de gratuita está en veremos, ya que muchos representantes del espectro político de ambas coaliciones han lucrado y siguen lucrando.
Michelle Bachelet, de resultar electa, deberá adoptar las decisiones correctas para responder a las demandas de miles de ciudadanos y ciudadanas que no están dispuestos a seguir soportando abusos laborales, educación para ricos y pobres, falta de participación real, el robo de las Isapres y las AFPs, salud pública deficiente y la entrega de recursos naturales a privados, entre muchas otras exigencias que se han consolidado durante los últimos dos años.
En los próximos días, miles de rostros jóvenes ocuparán plazas, calles y avenidas, exigiendo educación pública gratuita y de calidad, y lo más probable es que muchos adultos –como ha sido frecuente- acompañen esas manifestaciones.
Recientemente, trabajadores portuarios paralizaron sus faenas y tanto el gobierno central como el empresariado alzaron su voz pidiendo aplicar la Ley de Seguridad del Estado, una actitud opuesta a la que tuvieron Longueira y Chadwick cuando justificaron a los agricultores que cortaron calles y carreteras en La Araucanía.
La ex presidenta, o quien resulte electo en los próximos comicios, no podrá decir “paso” a un movimiento ciudadano y popular cada vez más organizado, si no quieren ser sobrepasados por miles de chilenos y chilenas que buscarán sus propios caminos.
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sábado, 12 de enero de 2013



Selarón

El tiempo en que viví en Brasil permanece vivo en mi memoria. Pasó de todo, desde problemas en instalarme junto a mi familia debido a problemas burocráticos con las autoridades de inmigración, pese a que había sido contratado por una ONG europea, que nos alquiló un departamento muy cómodo en el barrio de Gloria, cercano a Catete y el “Museo da República”, hasta el aprendizaje del idioma y costumbres locales en esa  “cidade maravilhosa”, llamada Río de Janeiro pues los primeros portugueses arribaron allí en un día de enero, convencidos que la Bahía de Guanabara era un gran rio. Sin duda, una urbe  de fuertes contrastes. No por nada, entre los propios brasileros el país es llamado “Belindia”, juego de palabras que grafica las enormes diferencias socioeconómicas en el gigante sudamericano: dependiendo donde naces puedes sentirte en Bélgica o en la India.

Buena parte de las tareas que debía cumplir para esa ONG se desarrollaban en “favelas” de la ciudad; Rocinha, Compleixo Do Alemâo, Donha Marta y otras, oportunidad en que aprendí a conocer el Brasil que no aparece en las postales turísticas pero sí en la crónica roja; donde el promedio de edad de los jóvens moradores de las favelas no supera los 18 años, en especial si mantienen vínculos con alguna pandilla de narcotraficantes. Si no los asesina una banda rival caen víctimas de las balas perdidas o de la policía militar, cuya fama no se debe precisamente a su honradez o criterio.

Fanático de largas caminatas por los pueblos, ciudades y países que he recorrido, fui descubriendo rincones insospechados de Río, enamorándome de varios, entre ellos el barrio de Lapa. Allí, mientras disfrutaba del incesante ir y venir de brasileros y turistas, vendedores callejeros y músicos, prostitutas y narcos, conocí a uno de los tantos personajes de novela que merecen ser recordados en más de un libro y a quienes les he reservado un espacio en alguno de los míos: Jorge Selarón, o “Selarâo”. Fue por recomendación de otro Jorge, Morello, argentino radicado en Brasil desde hace mucho y gran amigo mío. El argentino me habló de un pintor y ceramista de origen chileno que vivía cerca de Lapa. Nos propusimos hallarlo y comenzamos a indagar, hasta que dimos con un habitante del lugar quien, al oír el nombre, sentenció: “¡Selarâo!, a él tienen que ubicarlo antes del atardecer pues luego estará ebrio y no querrá hablar con nadie”! A renglón seguido, agregó: “Vive en la tercera puerta a mano derecha, después del cuarto descanso de la escalera que ven allí, la de los azulejos”.

Decidido a conocerlo, enfilé en la dirección indicada y golpeé en una colorida y añosa puerta de madera. A los pocos minutos, un hombre de aspecto descuidado, manos y rostros teñidos con pintura, mostachón y voz gruesa abrió: “¿sí..” –inquirió desganado, mientras asomaba su figura bajo el dintel. Me presenté y le dije que quería conocerlo, que admiraba su trabajo –mentí pues era primera vez que veía los peldaños decorados con miles de fragmentos de azulejos y que conducían al cerro Santa Tereza. “Gracias, mucho gusto; mi nombre es Selarâo”, masculló distraídamente, en una mezcla de español y portugués, mientras me extendía su mano con restos de cemento y pintura. Hablamos un buen rato y, cuando le dije que había llegado hacía poco a Brasil para trabajar en temas sociales y culturales en favelas de Río me advirtió: “Ten cuidado, amigo; un paso en falso, hablas de más o miras a alguna “garota de bandido”, y estás frito”. Así comenzó una amistad con Selarón, artista plástico chileno que conoció muchos países de América Latina y el mundo, y que finalmente “por amor a una mujer que no está”, como solía decir, varó en Brasil.
El barrio de Lapa conserva huellas arquitectónicas y gastronómicas de los portugueses; es el barrio bohemio por definición, tal vez comparable en cierto modo a nuestro barrio Bellavista, en Santiago, o algunos sitios de Valparaíso, pero más cosmopolita, mejor cuidado y de una intensa vida las 24 horas del día. Allí, se tejió buena parte de la historia “malandra” de Río, “cuando los malandras eran los Robin Hood brasileros -decía Selarâo, apoyado en la mugrienta barra del tugurio regentado por María Palavrâo, ubicado a pocas cuadras de su casa, y en donde adoptamos la costumbre de beber mucha cerveza “estúpidamente gelada”, como le pedía a un negro corpulento y desdentado, pareja de María, menuda y morena, y  a quien el gigantón negro le tenía pavor cuando entraba en cólera y de su boca brotaban a borbotones insultos y amenazas terribles. Fuerte de carácter ella, acostumbrada, por largo tiempo, a recibir palizas de sus amantes de turno, hasta que una noche de mucha ingesta de alcohol extrajo un cuchillo cocinero y degolló a su esposo; luego lo trozó y puso cada parte en bolsas distintas, las que arrojó a la basura. María estuvo algunos años presa y, al cumplir su condena, reabrió el boliche que había permanecido cerrado desde aquella vez que decidió que nadie jamás la golpearía de nuevo y retomó la costumbre de servir tragos y comida a los parroquianos del lugar, pues allí no llegaban turistas ni extranjeros, ni tampoco los brasileros que vivían en los “barrios nobles”. Era demasiado peligroso, según muchos, y la dueña, con su bien ganada fama, no tenía mayor interés en hacer relaciones públicas para mejorar la imagen del local ni tampoco la suya. Cuando Selarâo, con varias copas en el cuerpo, en una de las tantas noches de juerga que compartimos me presentó a María, ella me miró de pies a cabeza durante varios minutos, como si fuese un bicho raro, y espetó: “aquí, a “cerveja” la pide al negrón feo ese, pero me paga a mí”. Luego se dio media vuelta y continuó con sus quehaceres, pero de rato en rato me observaba desde detrás del mesón. Cuando algún parroquiano se pasaba de copas o comenzaba una trifulca, descubrí el porqué de su apodo: “palavrâo”, palabrotas. El pobre ciudadano, al tercer insulto o amenaza, agachaba el moño, pagaba calladito y se iba, o se mantenía quietito en su mesa.
Selarâo me contó historias de malandras famosos, de guapos que no trepidaban en liarse a tiros o a punta de navaja con la policía o con otros matones, pero que jamás, por una suerte de código de honor, asaltaban viejecitas, vecinos del barrio  o dañaban a niños. “Hubo uno que era homosexual –decía- y capoeirista de los mejores, rápido con el cuchillo y con las piernas, y con conciencia social”, relataba mientras su “portuñol”, por efecto del alcohol, se hacía cada vez más difícil de entender.

Muchas tardes lo pasé descubriendo la historia de cada pedacito de azulejo que Selarâo había puesto en los peldaños y descansos de esas escaleras, hoy atracción turística de la ciudad y por lo cual ese chileno recibió el título de “hijo ilustre de Río de Janeiro”. Me contó de la misteriosa mujer negra y embarazada que adornan muchas de sus pinturas, de las tinas de baño que instalaba cual macetas gigantescas en cada costado de las escaleras y que un día le fueron robadas, de sus viajes, de su decepción respecto del Chile que había dejado atrás a mediados de los años 80 y del amor “Es un veneno, una cicuta que bebemos intencionalmente por costumbre y que nos puede matar lentamente”.

Selarón fue hallado muerto hace pocas horas en un descanso de la escalera que adornó con trozos de azulejos traídos de muchas partes del mundo. Recibía uno, lo partía en trocitos “para que ninguno sea igual al otro”, y lo incrustaba en el cemento. Así tomó forma lo que hoy es un verdadero ícono de la ciudad que amó. Su cuerpo fue encontrado calcinado y vecinos de Lapa lo cubrieron con una sábana blanca a la espera de que fuera recogido. Muchos dejaron flores, bebieron cerveza “estúpidamente gelada”, cantaron canciones y oraron por el eterno descanso de su alma. Más abajo, en las callejuelas de Lapa, la vida continúa bullendo. Las prostitutas buscando sus ángeles rubios, los malandras salvando el día, los turistas, extasiados, se pierden entre música, bares y cantinas y María Palavrâo, seguramente ya enterada de la trágica noticia, habrá cerrado por duelo.
Selarâo se llevó a la tumba el secreto de la negra embarazada que figura en cada uno de sus cuadros, y me hizo depositario de parte de ese secreto, que también guardaré como homenaje postrero a quien fue mi amigo.




miércoles, 19 de diciembre de 2012



Agoreros del fin del mundo y responsabilidad de medios de comunicación

“Los diarios se hicieron para ayudar a los amigos y sepultar a los enemigos”, sentencia Carlos Carmona, periodista, mientras degusta una cerveza. Y mucha razón tiene, aunque hay más que decir respecto de los medios de comunicación, en particular la televisión.

Por estos días, la “caja de los tontos” ha mantenido una sistemática campaña del terror anunciando el fin del mundo. Imágenes terribles nos despiertan cada mañana desde los eternos “matinales” y periodistas, locutores, comentaristas y toda suerte de pitonisos especulan acerca de cómo será en realidad la concreción de la “Profecía Maya”.

En Televisión Nacional de Chile, Karen Doggenweiler, pareja de uno de los candidatos a la Presidencia de la República, no tiene reparo alguno en mostrarnos día a día pseudo reportajes o entrevistas con seres que, en verdad, poco o nada aportan, así como programillas basura salpicados con muchos comerciales de las mismas empresas, farmacias, bancos que endeudan y estafan a millones de chilenos. Y ella, eventualmente, sería Primera Dama.

Hablo de TVN pues es la televisión pública chilena. Mega, Chilevisión y los demás canales, al fin y al cabo son privados, así es que no están sujetos al escrutinio público de la misma manera. Y hablo de la televisión abierta, de consumo masivo por parte de dueñas de casa, niños y niñas, desempleados u oficinistas, pues los más pobres de nuestra sociedad carecen de Internet, televisión por cable u otra forma de información y entretención.

Esa misma televisión, cuyo principal objetivo pareciera ser el de anestesiar a las personas, termina siendo un arma de destrucción masiva, deformadora y alienante, y sirve, además, a determinados intereses políticos y económicos. Para muestra un botón: en 2011, mientras miles de estudiantes se movilizaban exigiendo educación pública de calidad, tales manifestaciones fueron ignoradas por cámaras, editores y periodistas, salvo imágenes de la “violencia juvenil”, destrozos y quejas del comercio. Idéntica situación con una prolongada huelga de hambre de comuneros Mapuche: simplemente no existía, hasta que la presión popular, “tomas” de sets de televisión incluídas y airadas reacciones por parte de manifestantes en contra de móviles de televisión, obligaron a mostrar las calles abarrotadas de protestas.

Cuando los matinales no nos acosan con todo tipo de calamidades y megacataclismos, son los realities, los “Yingos” –que matan más neuronas que la pasta base, como rezaba un mural pintado en una población periférica- y la farándula los que se encargan de idiotizar y, vulgarizar todo y, si aquello fallara, harto fútbol y teleseries como broche en lugar de noticiarios, diversidad y cultura.

Una vez terminada esta histeria del 21 de diciembre, con secuelas psicológicas y más de algún suicidio individual o colectivo, saqueos y robos por culpa del miedo inculcado por la televisión y medios en general,  será hora de pasar factura a quienes no asumen su ressponsabilidad frente a la ciudadanía, comenzando por ejecutivos de los canales y propietarios de diarios y radioemisoras.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Eufemismos


 

Poco antes de cumplirse el primer año de gobierno de Sebastián Piñera, y cuando la Concertación, que se mantuvo en La Moneda por 20 años, lamía sus heridas, publiqué “Chile entre el desconcierto y el año yeta”, libro que retrata desde distintas ópticas los últimos dos a tres años de centroizquierda en el poder y, por cierto, el retorno derechista luego de más de medio siglo de ausencia en la casa de Toesca, con excepción del cogobierno en dictadura.

Poco antes de finalizar aquél libro, que contiene ácida crítica a la clase política en general, entre otros variados temas, dudé respecto del título. Quise bautizarlo como “Crónicas desde Eufemistán”, pero terminó llamándose como se llama pues sí hubo desconcierto y sí volvió la “yeta”.

Eufemistán se me ocurrió pues tras el atentado a las Torres Gemelas en Estados Unidos –su propio 11 de Septiembre- la nación más poderosa del mundo arremetió contra varios países que, supuestamente, poseían armas de destrucción masivas y/o albergaban a terroristas islámicos. Tras largos años de guerras, cientos de miles de muertos, heridos y desplazados, la teoría militar gringa carece de asidero, pero se hizo con territorio, petróleo e instaló algunos gobiernos pro Occidente en la cuna de Mahoma.

Pero volvamos al título de mi creación literaria.

En Chile utilizamos muchos eufemismos para disfrazar realidades. Los pobres se llaman “carentes” o “vulnerables”; los ricos son “ABC1”; la tortura, en dictadura y en esta democracia, “excesos”; quien queda si empleo, “desvinculado”; los que protestan por demandas salariales y se enfrentan a la policía, “vándalos” o “desadaptados sociales”; las antiguas poblaciones callampas, campamentos o barrios marginales, son “villorios” y las fuerzas armadas son “la reserva moral del país”. Y así una larga lista de palabras que, cual cortina de humo, nos impiden vernos como somos, no como pretendemos que nos vean, o ni nos vean.

Los eufemismos ocultan distorsiones que atraviesan nuestra sociedad y se reflejan también en asuntos laborales, como el simple ejercicio de buscar empleo. En nuestro país, el barrio donde te criaste, el colegio donde te educaste, tu apellido, contactos y “pitutos”, valen más que tus propios méritos; y ni se te ocurra optar a un trabajo a través de una Oficina de Colocaciones o respondiendo a un anuncio en algún diario, pues si no vas a “apadrinado”, no resultará.

Hace pocos días, un amigo me contaba que había postulado a más de cien cargos los últimos dos años, sin resultado alguno pese a estar cualificado de sobra, pero bastó que un amigo de un amigo le recomendara y ya se encuentra trabajando en una repartición pública. “La amistocracia es mejor que la meritocracia”, dice él, y con razón.

Por estos días estoy concentrado en escribir mi primera novela, cuyo título no adelantaré y cuyos personajes, situaciones, locaciones tienen mucho que ver con algunas ciudades y países donde he vivido, y en donde Estocolmo y sus alrededores tienen un sitial privilegiado. Mis años en esa ciudad nórdica tuvieron de todo, y en forma irónica, antes de la era Internet, mis cartas a Chile las comenzaba con “Estoeselcolmo, mayo, 1980…”






martes, 6 de noviembre de 2012

Elecciones municipales en Chile: el hastío ciudadano




Casi un 60 por ciento de potenciales electores se restaron del ejercicio cívico durante las recientes elecciones municipales chilenas, abstención que, pese a la modalidad de inscripción automática y voto voluntario, no sedujo a los casi 5 millones de nuevos inscritos.

La clase política –entre quienes se cuentan a verdaderos clanes familiares, con uno o más miembros en cargos públicos, el Senado, la Cámara de Diputados y distintos servicios del Estado- se muestra preocupada, pues la desligitimización de la política le quita sustento a esa actividad, con escasa participación popular.

Lo anterior no debiese extrañar a nadie, en un país que administra la herencia de la dictadura, con un sistema binominal perverso, que ahuyenta a un electorado que elije cada cierto tiempo entre rostros provenientes de la farándula criolla, verdadero semillero de los partidos de derecha y extrema derecha, y una Concertación desgastada, sin ideas.
Los afiches de campaña, lejos de ofrecer propuestas o programas, mostraban caras viejas “fotoshopeadas”, que no revelaban a qué conglomerado político pertenecían, ni ideas. Sólo sonrisas y eslóganes huecos.

La juventud, buena parte de ella movilizada en las demandas estudiantiles de 2011, se quedó en casa, no sufragó o se dedicó a “funar” las mencionadas elecciones, advirtiendo que está harta de esa casta política apernada en el poder, que obtiene jugosas dietas, las que superan con creces la de sus homólogos de varios países de América Latina y el mundo. Un parlamentario chileno gana no menos de 30 mil dólares al mes –en un país donde el salario mínimo asciende a 400 dólares mensuales-

El cansancio de la ciudadanía con la dirigencia política es notorio y justificado, sobre todo si se considera que un senador hace carrera y puede ser reelecto por varios períodos, sumando hasta 30 o más años en ejercicio, acumulando, por ende, un apequeña fortuna que no es tan pequeña. 30 mil dólares mensuales durante 24 o más años es como sacarse la Lotería al menos una vez por año.

Sumado a lo anterior, existen parlamentarios designados, y aunque nadie votó por ellos, pueden mantenerse legislando durante gran parte de su vida laboral, para luego volver a la actividad privada. También ex comandantes en jefe de alguna de las ramas de las fuerzas armadas y de carabineros, que hoy ostentan cargos públicos, obviamente representando a la derecha.

En 2013 habrá elecciones presidenciales y parlamentarias y se espera también que la abstención sea masiva, pese a retoques superficiales de nuestro sistema político y económico, que para muchos países se exporta como modelo a seguir pero para quienes vivimos en esta larga y angosta faja de tierra debe ser modificado en su estructura, donde la representatividad sea real.

Cambio de Gabinete en Chile: ícono de Chacarillas a Interior




En su estilo nervioso y acompañado de los “tics” que le destacan cada vez que hará un anuncio, Sebastián Piñera dio a conocer los nombres y cargos que ocuparán conocidos rostros de su Gabinete: Rodrigo Hinzpeter, hasta hace pocas horas ministro de Interior y Seguridad Pública se traslada desde esa cartera a Defensa siendo sucedido en el cargo por Andrés Chadwick, quien se mantuvo como vocero del Ejecutivo por más de un año.

El ahora ex ministro de Defensa, Andres Allamand, renunció al puesto para dedicarse de lleno a su candidatura a la Presidencia de la República, apoyado por Renovación Nacional, mientras que su ex colega de Gabinete en Obras Públicas, Laurence Golborne, UDI, hará lo mismo. Primarias entre ambos partidos de Gobierno definirán un candidato único con miras a las elecciones de 2013, todo bajo la sombra de Michelle Bachelet, a quien las encuestas, en caso de ser la abanderada de la Concertación y decida repostularse, le otorgan una clara ventaja.

La opinión pública no se sorprendió mayormente con los nombramientos, aunque en círculos estudiantiles, organizaciones sociales y colectivos de distinta índole, el arribo de Chadwick a Interior no pasa desapercibido. ¿La razón?, su pasado político. Chadwick es uno de los íconos de los llamados “Jóvenes de Chacarillas”, grupo que en plena dictadura y en una manifestación de apoyo incondicional a Pinochet, desfiló de noche, antorcha en mano, jurando lealtad al dictador, al más puro estilo fascista.

El flamante ministro a cargo de la seguridad interior posee también un extenso prontuario: fue miembro de Patria y Libertad, organización de extrema derecha que combatió al gobierno de Salvador Allende. Una vez derrocada la Unidad Popular, Chadwick ocupó cargos públicos y participó en delaciones contra estudiantes universitarios que adherían a la izquierda, principalmente en la Universidad Católica, donde cursaba estudios superiores.

Vinculado a la ex Colonia Dignidad, que luego pasó a llamarse Villa Baviera, reducto nazi enclavado en el sur de Chile y por donde desfilaron decenas de presos políticos tras el golpe cívico-militar de 1973 y de los cuales jamás se volvió a saber, Chadwick, reniega hoy de esas “amistades”, al igual que otros connotados dirigentes tanto de la Udi como de Renovación Nacional, subsecretarios de Gobierno, empresarios y ministros.

Durante las manifestaciones estudiantiles del año pasado, quien ahora está a cargo de la seguridad interna del país, criticó duramente las masivas marchas, amenazando con las penas del infierno a quienes desafiaran al Gobierno. Hoy, con todo el poder que le otorga el cargo, nadie duda que hará efectivas esas amenazas, lo cual no amedrenta a estudiantes secundarios y universitarios, los cuales se reunirán con el propósito de convocar a jornadas de protesta previo al receso de verano.